De muertos vivientes y complejos de inferioridad.

No, no es el título de un libro de autoayuda para zombies. Es que me he echao al monte y he decidido tocar dos temas en un solo post. Así. Gustándome.

Pero por partes. Lo primero, The Walking Dead, la nueva serie de la AMC (sí, la cadena de Mad men, señores) basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman. Por si no lo habéis adivinado, la serie va de zombis. O más exactamente de un policía que se despierta de un coma para darse cuenta de que los muertos tienen hambre de cerebro, y tal. He visto el piloto y me ha dejado el ojete que no me cabe un cañamón, por decirlo finamente. No voy a spoilear, así que vedlo, porque merece la pena. De hecho es uno de esos productos que a los guionistas de por aquí nos pone a pensar en cuándo conseguiremos hacer las cosas como los americanos. Chicos, tranquilos, que yo tengo la respuesta a esa pregunta.

NUNCA

Sí, nunca. Y por varios motivos. Primero, el público potencial de una serie americana no es de 40 millones, como aquí. Si no más de 300 millones. Digamos que se pueden permitir que un episodio haga “solo” un 5% de audiencia. Así que arriesgar es más fácil. Segundo, gracias a eso, tienen muchísimo más dinero para producir, en especial las cadenas cuyas series más admiramos: las de pago. Y si a eso añadimos que los DVD de sus productos se venden en TODO el mundo, pues ya no es que no jugamos en la misma liga, es que no estamos jugando ni al mismo deporte. Tercero, ellos nos sacan muchos años de ventaja en lo que a realización y producción cinematográfica se refiere. Vamos, que como quien dice este negocio lo han montado ellos.

Así que zanjada esta cuestión, dejemos de pensar en ello de una puñetera vez. Basta de lloriqueos. Guarden sus pañuelos. Quitémonos de encima el complejo de inferioridad y hagamos nuestras propias series lo mejor que podamos. Echémosle imaginación, abramos nuevas vías dentro de nuestras posibilidades, dejemos que la imaginación compense la falta de medios e intentemos ser lo más dignos posibles. Seamos creativos.

( Y ahora, los productores de televisión que hayan leído esto último ya pueden seguir riendo carcajadas rodando por el suelo de sus lujosos despachos enmoquetados.)

He dicho.

 

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España no da tanto asco como parece.

Sí, queridos amigos y compatriotas, al final resulta que España no es el puto páramo intelectual que parece ser. Bueno, mejor dicho, no lo es tanto.

Ayer miércoles Telecinco, en su inagotable esfuerzo por hacer de este país un lugar peor en el que vivir, decidió contraprogramar el tercer episodio de Hispania con esa copia de Tengo una pregunta para usted pero con Belén Esteban.

Mi mayor miedo era que esa absurdez, esa quintaesencia de lo bizarro y lo chusco, ganara a una serie que, sin ser lo mejor que he visto en mi vida, sí abre nuevas vías o caminos para la ficción española. Pero no sucedió así. Hispania le sacó diez puntos a la bazofia telecinquera. No uno, ni dos, si no diez puntos y un millón más de espectadores.

A todos aquellos que vieron la serie en vez de a la Esteban: gracias por hacer de España un país menos asqueroso en el que vivir.

Cine del güeno (II): Uno, dos, tres.

Continuamos con la sección cine del güeno con una de las pocas películas gracias a las cuales he visto a mi venerable padre llorar de risa revolcándose por el sofá: “Uno, dos, tres”, un juego político firmado por el gran, inmenso, maestro, apabullante Billy Wilder.

¿De qué va?: Pues, a grandes rasgos la peli es una sátira mordaz y ultraácida de la Guerra Fría desarrollada a través de la historia de C.R McNamara, el representante de Coca Cola en el Berlín Oeste a principios de lo sesenta. McNamara lleva una vida tranquila y apacible extendiendo el consumo de la bebida capitalista por excelencia por toda Europa cuando el jefe de la compañía decide enviarle a su hiper pija hija, de viaje por el viejo continente. Y el lío se monta porque a la joven no se le ocurre mejor idea que la de enamorarse de un comunista de la parte oriental. A partir de ese momento, la cosa se complica tanto que es mejor ver la peli para disfrutar de la historia.

¿Por que es “güena”?: Uno, dos, tres es una gran película porque el humor ácido y brillante de Wilder y Diamond le hinca el diente a la guerra ideológica entre el comunismo y “el mundo libre” y no deja títere con cabeza. Tiene un ritmo endiablado (el final de la película es de infarto), unas actuaciones muy conseguidas con respecto al tono satírico de la peli y una dirección que, como siempre en Wilder, parece peor de lo que realmente es.

En definitiva, quizá no esté a la altura de El apartamento (es difícil estar a la altura de la mejor película que se ha escrito), Perdición, El crepúsculo de los dioses y otras obras maestras de Wilder, pero tiene una especial mala leche y siempre me trae buenos recuerdos.

Os dejo una escena plagada de chistes brillantes que resume bien el tono de la peli.  Les pongo en situación: McNamara (James Cagney) tiene que cruzar a Berlín Oriental para conseguir que el comunista que se ha líado con la hija de su jefe salga de la cárcel. Y va a intentar convencer de ello a la delegación rusa con la que negocia para expandir la Coca Cola al otro lado del telón de acero. He intentado encontrar en VOS pero ha sido imposible. Así que disfruten también del doblaje.

Corran! Vayan a ver La red social!

No sé a que están ustedes esperando, ahí tirados en el sofá viendo pasar la vida cuando pueden perder sus valiosos minutos en la Tierra viendo un peliculón como La Red Social.

No es que me haya sorprendido su calidad, teniendo en cuenta que la escribe un tal Aaron Sorkin y la dirige un señor llamado David Fincher, pero la peli ha resultado más de lo que esperaba.

¿Y qué esperaba? Pues un guión sólido como una roca y dialogado de esa manera que hace que te des cuenta de lo mal que dialogan todos los demás. Y una dirección virtuosa pero siempre al servicio de la historia, con manierismos pero no con adornos que molesten. Y sí, ambas cosas estaban, pero había más. Porque La Red social no es sólo la historia del pringao que inventó Facebook y que ahora es el pringado menor de 30 años más rico del planeta. La red social es una historia sobre el mal más acuciante de la sociedad de la información: la soledad. Una historia de cómo todo el mundo quiere conectar con todo el mundo y de cómo fracasan a pesar de que las herramientas que usan para ello se sofistican más y más. Y conseguir hablar de eso en una película y que no sea un coñazo, si no algo trepidante, que te agarra y no te suelta solo lo hacen los grandes.

Además la peli, por si todo esto fuera poco, acaba con esta canción de los Beatles.

La aridez del segundo acto.

Como sabéis, seguidores de este autor de referencia, estoy escribiendo un guión de largometraje. Ahora mismo, después de empezar a documentarme (algo que posiblemente no dejaré de hacer hasta escribir el último punto de la última acotación) estoy dando forma  a la estructura básica del guión. O sea, escaletando que es gerundio.

Y aquí me encuentro, con mi detonante, mis puntos de giro, mi clímax y todo lo demás más o menos claro cuando, de repente, sin previo aviso, llego a la segunda mitad del segundo acto y me encuentro… EL DESIERTO DEL SEGUNDO ACTO !!!!  CHAN, CHAN, CHAN, CHAN!!!!

Y es que, aunque mucha gente piense que escribir un guión es fácil, que ellos lo harían con la minga, una mano atada a la espalda y un oso histérico atacado por un enjambre de abejas dentro de su despacho, pues no lo es. Sobre todo por este temido momento, cuando llevas más de sesenta folios y dices… ¿y ahora qué? Tú ya has soltado la artillería y te reservas la gran traca final para el clímax de la historia, pero, ¿qué contar hasta llegar a él? ¿Qué aventuras locas y entretenidas deben salir de tu imaginación para que el público potencial de tu peli no salga del cine pensando que ellos lo harían mejor con la minga, una mano atada a la espalda y un oso histérico atacado por un enjambre de abejas dentro de su despacho?

Y es que un buen segundo acto, de esos que te dejan pegado a la butaca, es la principal diferencia entre una buena peli y una peli regulera.

Así pues, deséenme suerte.

Cine del güeno (I): El tercer hombre.

Dirección: Carol Reed. Año: 1949. Guión: Graham Greene y Alexander Korda.

Inicio una mini sección (que posiblemente no llevará a ningún lugar, como otras tantas cosas en la vida) sobre pelis que me molan mucho con una que me ha acompañado durante toda mi vida. Una película que me fascinó de niño y que hevisto con idéntico o mayor placer una y otra vez hasta esta cima de la madurez en la que me voy instalando con mi savoir faire habitual.

No voy a contar de qué va la peli, que para eso ya está wikipedia, donde encontraréis una hermosa sinopsis del film, pero sí por qué me fascina tanto.

Creo que lo que me entusiasma de este película es que tiene uno de los mejores villanos del cine. Harry Lime, un apoteósico Orson Wells, cínico, encantandor, oscuro, con una ausencia total de escrúpulos, magnético y lleno de carisma. Un personaje que llega a un impresionante climax en la escena de la noria del Pratter.

Sólo por este personaje y esta escena El tercer hombre ya merece la pena inaugurar esta simpática sección. Claro que tiene muchas otras cosas: una historia de amor, elegante, sutil, en las antípodas de las cursiladas que suelen hacernos pasar como grandes historia románticas. Una dirección impecable, el uso de un claroscuro casi expresionista, un enorme Joseph Cotten, una recreación de la Viena de posguerra fiel y apasionante… Y por supuesto, esta banda sonora.

Si esta entrada sirve para que alguien que no haya visto esta película lo haga, los cuatro minuticos que he gastado en escribirla habrán merecido la pena.

Oh, no… ¿Otra vez la guerra?

Como ya les comenté hace dos post, muchachos y muchachas, servidor se encuentra en fase de documentación y primeros esbozos de un proyecto de guión de largometraje. Y sí, como soy español, la historia transcurre durante la guerra civil.

(Espero unos segundos a que lancen ustedes sus suspiros de hastío y continúo.

¿Ya? Pues sigamos)

Sí, sí. Han oído bien. He dicho la guerra civil. Y ustedes dirán: “¿otra película española ambientada en la guerra?” Y yo entenderé, en parte, que lo digan.

Sin embargo, y quiero que conste que esto no lo digo porque esté trabajando en una historia que transcurre durante el primer año de la contienda, tengo que decir que no me parece justa ni lógica esa queja generalizada de que en el cine español hay demasiadas películas ambientadas en la guerra.

En primer lugar, porque no es verdad. La media de películas sobre la guerra civil es más bien escasa. Pero el tópico (ya convertido en chiste repetido hasta la saciedad) ha crecido tanto que se ha convertido en un pequeño monstruo que lo fagocita todo.

Les propongo un pequeño ejercicio de memoria. Piensen unos segundos en cuántas películas con esta temática o telón de fondo se estrenaron en el año 2009. ¿No lo saben? Yo se lo digo: una. El documental “Últimos testigos: Fraga y Carrillo” Sí, hubo alguna ambientada en la posguerra, que (sorpresa) no hubiese existido sin la guerra. Pero “típica película española de la guerra civil” ni una sola.

Y tras aclarar este error tan común de que el cine español está plagado de historias guerracivilistas, vamos al turrón. Y el turrón radica en las siguientes preguntas: ¿por qué creemos que se han hecho demasiadas películas sobre el acontecimiento histórico más imporante del siglo XX en nuestro país? ¿Acaso podríamos decirle a Steven Spilberg o a Quentin Tarantino cuando preparaban Salvar al soldado Ryan o Malditos bastardos que lo dejaran, que ya se habían hecho demasiadas películas sobre la Segunda Guerra Mundial? ¿O romperle en la cara a Coppola o a Stone los guiones de sus películas sobre Vietnam porque con una peli ya era suficiente?

No sé si ha quedado claro que mi respuesta para estas preguntas es un rotundo NO. Pero por si no ha quedado claro: NO!

El cine se basa en contar historias. Y el arte de contar historias se basa en que el dramatismo, el conflicto, que es lo que hace que una historia sea interesante. ¿Y qué mejor marco para algo así que una guerra? Una guerra nuestra, además. Y una guerra que, tras la Segunda Guerra Mundial, es el conflicto bélico más relevante de todo el siglo XX. ¿Por qué el cine español no debe reflexionar y enmarcar sus historias durante este período? ¿Es que tenemos complejo de inferioridad? Porque los estadounidenses no han parado de hacer películas sobre todas sus guerras (y han tenido muchas) desde los westerns enmarcados en las guerras indias hasta la segunda guerra de Irak. ¿Acaso ellos pueden y nosotros no?

Pues sí, claro que sí. De hecho, un país sano, con una memoria histórica saludable, revisa su pasado una y otra vez. Sin embargo, la herida de la guerra civil sigue abierta en España más de setenta años después. Y, precisamente, aquellos que no quieren que se recuerde la guerra (los que la ganaron) o aquellos que defiende a los pocos que la ganaron que quedan vivos, son los que finalmente han difundido ese runrún de que en el cine español se habla demasiado de la guerra civil. Para esa clase de pensamiento es mejor el pasado sin revisar, olvidarlo todo, que esos “rojos” dejen de hacer películas con el dinero público en las que ponen a parir a sus abuelos .

En España hacen falta más películas sobre la guerra civil. Películas intimistas, sí, pero también de acción, bélicas, comedias…. De todos los géneros. Porque, si tenemos una auténtica mina de oro al alcance de nuestra mano, ¿por qué no vamos a aprovecharla?

Les prometo desde aquí que servidor intentará hacer un guión lo más decente posible y que lo intentará vender para que se ruede y ustedes lo vean. Y también les prometo que no habrá niños perdiendo la inocencia, ni buenos buenísimos y malos malísimos, ni comedia coral. Cosas todas ellas muy respetables, pero que creo que ya han sido tocadas en este género tan nuestro. Les prometo que intentaré hacer un guión diferente sobre la guerra civil. Porque es un tema del que nunca estará todo dicho.