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Internet se inventó para que los guionistas no pudieran trabajar.

Está claro. Es una conspiración de manual.

Los que inventaron la red de redes no lo hicieron con el propósito de conseguir un mundo global e interconectado. No, señor. Esa es la explicación que se creen los poco avispados. Internet se creó para que los guionistas que escriben en casa pierdan el tiempo y no llenen el mundo con sus esquizofrénicas ideas.

“¿Cómo ha llegado a tan brillante conclusión sin la ayuda de Iker Jiménez y señora?”, os preguntaréis. Sencillo. Desde antes de Navidad mi trabajo de guionista se viene desarrollando desde mi casita. O, dicho en términos modernos, estoy ejerciendo el tele trabajo. Algo que  para muchos guionistas es su día a día. Bien sea porque se dedican al cine, bien porque escriben ficción televisiva. El caso es que currar en casa, teniendo internet, es realmente complicado.

Y es que trabajar en casa no es el chollo que todo el mundo puede pensar que es a bote pronto. Requiere disciplina, autocontrol y todas esas cosas que en general los seres humanos normales y corrientes no tenemos. Que sí, que tener tus propios horarios mola, pero el lado oscuro es que trabajas en pijama y tienes tu ordenador conectado a la red, con sus múltiples y fascinantes focos de distracción. Justo cuando estás a punto de encumbrarte escribiendo el más chispeante diálogo cómico que en el mundo ha sido, tienes un mensaje en facebook. En el mismo momento en que vas a darle un trepidante giro a tu escaleta, te das cuenta de que no has contado al mundo entero cómo te va a través de twitter… Y así un largo etcétera.

Esta es la verdadera cruz con la que lidiamos los guionistas. No los sueldos bajos, los trabajos que sólo duran dos meses, las exigencias de las cadenas… No. Es internet.

Si no es así, ¿por qué estoy escribiendo este post en vez de estar currando?

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La aridez del segundo acto.

Como sabéis, seguidores de este autor de referencia, estoy escribiendo un guión de largometraje. Ahora mismo, después de empezar a documentarme (algo que posiblemente no dejaré de hacer hasta escribir el último punto de la última acotación) estoy dando forma  a la estructura básica del guión. O sea, escaletando que es gerundio.

Y aquí me encuentro, con mi detonante, mis puntos de giro, mi clímax y todo lo demás más o menos claro cuando, de repente, sin previo aviso, llego a la segunda mitad del segundo acto y me encuentro… EL DESIERTO DEL SEGUNDO ACTO !!!!  CHAN, CHAN, CHAN, CHAN!!!!

Y es que, aunque mucha gente piense que escribir un guión es fácil, que ellos lo harían con la minga, una mano atada a la espalda y un oso histérico atacado por un enjambre de abejas dentro de su despacho, pues no lo es. Sobre todo por este temido momento, cuando llevas más de sesenta folios y dices… ¿y ahora qué? Tú ya has soltado la artillería y te reservas la gran traca final para el clímax de la historia, pero, ¿qué contar hasta llegar a él? ¿Qué aventuras locas y entretenidas deben salir de tu imaginación para que el público potencial de tu peli no salga del cine pensando que ellos lo harían mejor con la minga, una mano atada a la espalda y un oso histérico atacado por un enjambre de abejas dentro de su despacho?

Y es que un buen segundo acto, de esos que te dejan pegado a la butaca, es la principal diferencia entre una buena peli y una peli regulera.

Así pues, deséenme suerte.

Oh, no… ¿Otra vez la guerra?

Como ya les comenté hace dos post, muchachos y muchachas, servidor se encuentra en fase de documentación y primeros esbozos de un proyecto de guión de largometraje. Y sí, como soy español, la historia transcurre durante la guerra civil.

(Espero unos segundos a que lancen ustedes sus suspiros de hastío y continúo.

¿Ya? Pues sigamos)

Sí, sí. Han oído bien. He dicho la guerra civil. Y ustedes dirán: “¿otra película española ambientada en la guerra?” Y yo entenderé, en parte, que lo digan.

Sin embargo, y quiero que conste que esto no lo digo porque esté trabajando en una historia que transcurre durante el primer año de la contienda, tengo que decir que no me parece justa ni lógica esa queja generalizada de que en el cine español hay demasiadas películas ambientadas en la guerra.

En primer lugar, porque no es verdad. La media de películas sobre la guerra civil es más bien escasa. Pero el tópico (ya convertido en chiste repetido hasta la saciedad) ha crecido tanto que se ha convertido en un pequeño monstruo que lo fagocita todo.

Les propongo un pequeño ejercicio de memoria. Piensen unos segundos en cuántas películas con esta temática o telón de fondo se estrenaron en el año 2009. ¿No lo saben? Yo se lo digo: una. El documental “Últimos testigos: Fraga y Carrillo” Sí, hubo alguna ambientada en la posguerra, que (sorpresa) no hubiese existido sin la guerra. Pero “típica película española de la guerra civil” ni una sola.

Y tras aclarar este error tan común de que el cine español está plagado de historias guerracivilistas, vamos al turrón. Y el turrón radica en las siguientes preguntas: ¿por qué creemos que se han hecho demasiadas películas sobre el acontecimiento histórico más imporante del siglo XX en nuestro país? ¿Acaso podríamos decirle a Steven Spilberg o a Quentin Tarantino cuando preparaban Salvar al soldado Ryan o Malditos bastardos que lo dejaran, que ya se habían hecho demasiadas películas sobre la Segunda Guerra Mundial? ¿O romperle en la cara a Coppola o a Stone los guiones de sus películas sobre Vietnam porque con una peli ya era suficiente?

No sé si ha quedado claro que mi respuesta para estas preguntas es un rotundo NO. Pero por si no ha quedado claro: NO!

El cine se basa en contar historias. Y el arte de contar historias se basa en que el dramatismo, el conflicto, que es lo que hace que una historia sea interesante. ¿Y qué mejor marco para algo así que una guerra? Una guerra nuestra, además. Y una guerra que, tras la Segunda Guerra Mundial, es el conflicto bélico más relevante de todo el siglo XX. ¿Por qué el cine español no debe reflexionar y enmarcar sus historias durante este período? ¿Es que tenemos complejo de inferioridad? Porque los estadounidenses no han parado de hacer películas sobre todas sus guerras (y han tenido muchas) desde los westerns enmarcados en las guerras indias hasta la segunda guerra de Irak. ¿Acaso ellos pueden y nosotros no?

Pues sí, claro que sí. De hecho, un país sano, con una memoria histórica saludable, revisa su pasado una y otra vez. Sin embargo, la herida de la guerra civil sigue abierta en España más de setenta años después. Y, precisamente, aquellos que no quieren que se recuerde la guerra (los que la ganaron) o aquellos que defiende a los pocos que la ganaron que quedan vivos, son los que finalmente han difundido ese runrún de que en el cine español se habla demasiado de la guerra civil. Para esa clase de pensamiento es mejor el pasado sin revisar, olvidarlo todo, que esos “rojos” dejen de hacer películas con el dinero público en las que ponen a parir a sus abuelos .

En España hacen falta más películas sobre la guerra civil. Películas intimistas, sí, pero también de acción, bélicas, comedias…. De todos los géneros. Porque, si tenemos una auténtica mina de oro al alcance de nuestra mano, ¿por qué no vamos a aprovecharla?

Les prometo desde aquí que servidor intentará hacer un guión lo más decente posible y que lo intentará vender para que se ruede y ustedes lo vean. Y también les prometo que no habrá niños perdiendo la inocencia, ni buenos buenísimos y malos malísimos, ni comedia coral. Cosas todas ellas muy respetables, pero que creo que ya han sido tocadas en este género tan nuestro. Les prometo que intentaré hacer un guión diferente sobre la guerra civil. Porque es un tema del que nunca estará todo dicho.

 

 

 

Hombre, ¿cómo tú por aquí?

Tengo este espacio muy abandonado desde junio, pero ha sido un verano intenso y aterrizo ahora.

Y cuando digo intenso no me refiero a que he estado dando la vuelta al mundo, profundizando en mi yo interior mientras ayudaba a los pobres de la India, no. Me refiero a que he estado currando, en un programa diario por cierto, que era algo que nunca había hecho. La verdad es que ha sido una experiencia positiva: he aprendido cosas que no sabía, he conocido gente maja y, sobre todo, finalmente he dado el paso de venirme a vivir a Madrid.

Pero corto este tema, que soy como el ex de María Jiménez, que de mi vida privada no hablo, al menos que salga a relucir el morado de los billetes.

El caso es que, después de muchos años sin parar de currar, ahora mismo me encuentro en el paro (esperemos que no de una manera muy prolongada) y he decidido hacer lo que, en el fondo (aunque sea MUY en el fondo) todo guionistas de TV desea: escribir un guión de largometraje.

Como soy un tipo suicida el proyecto no es un encargo, si no que pienso ocupar horas y horas de mi tiempo y gastar enormes cantidades de energía en un guión que, probablemente, nadie compre jamás. De todas maneras, estoy motivado. Es un tarea que tenía pendiente desde hace años, una historia que tengo anidada en mi cerebro y que tengo que escupir antes de que se pudra. Una tarea que, debido a que no he parado de currar (Gracias al Altísimo, o a mis productores ejecutivos que lo mismo es) nunca he acabado de emprender. Hasta ahora.

De momento estoy en fase de documentación. Recopilar información, releer manuales clásicos de guión, leer por primera vez otros, empezar a pensar en el mundo en el que voy a volcar mi historia. Algo que pensaba que iba a ser árido y que, sorpresa, me está haciendo disfrutar bastante.

Quizá sea porque, por primera vez desde hace años, escribo para mí y no para otros.  Y lo estoy disfrutando.

En fin, que si hay alguien ahí, decirle que iré dando puntual información sobre cómo va esa marcha por el desierto que es la escritura creativa (estoy lo estoy diciendo mesándome la barba y poniendo cara de intenso/sesudo/intelectual/artista torturado)

Un placer verles de nuevo.

Ahora vivo aquí.

Aclaración: No, no soy un vagabundo que vive en el metro de Banco de España. Es que nos hemos mudado a Madrid.

Mundo bizarrorrr

Como todo el mundo sabe, internet ha demostrado que la gente está muy loca y tiene mucho tiempo libre. Sobre todo lo segundo.

Si ya anteriormente os descubrí que había sketchs de nuestro programa subtitulados al esperanto rulando por el youtube, ahora alguno de los muchos espectadores americanos que tenemos (gracias a todos desde aquí) ha decidido doblar al español neutro un sketch del emo, entrañable y a la vez hostiable personaje.

Aquí el original.

Yo, la verdad, es que flipo bastante porque el guión está tal cual.

En fin, mundo bizarroorrrrrrl.

Enemistad

Yo, como persona moderna que soy, estoy lleno de prejuicios.

De hecho, hay cosas que me impiden, pase lo que pase, entablar amistad con cierta gente. Es como si un muro infranqueable se levantara entre nosotros por tonterías como las que siguen.

Y es que NO PUEDO SER AMIGO DE GENTE QUE…

– dice que no le gustan Los Simpson.

– sorbe la sopa cuando come.

– se escaquea a la hora de pagar.

– escupe al hablar.

– se siente atraído sexualmente por Pablo Motos.

– deja que su perro cague en la acera y luego no recoge la mierda.

– dice que viajar es una tontería, que como su ciudad no hay nada.

– piensa que los libros de Dan Brown son cojonudos.

– no ofrece chicle cuando tiene un paquete en la mano. (y eso que el chicle no me gusta demasiado)

– habla a gritos en los aviones.

– se salta el turno en las colas.

– adelanta por la derecha en la autopista.

– se ríe de sus propios chistes a mandíbula batiente.

– piropea a las mujeres con frases del tipo: “voy a ir a preguntar al cielo, porque se les ha escapado un ángel”

– le da golpes con el dedo en el pecho para que le prestes atención cuando habla.