Archivo de la categoría: Televisión

Internet se inventó para que los guionistas no pudieran trabajar.

Está claro. Es una conspiración de manual.

Los que inventaron la red de redes no lo hicieron con el propósito de conseguir un mundo global e interconectado. No, señor. Esa es la explicación que se creen los poco avispados. Internet se creó para que los guionistas que escriben en casa pierdan el tiempo y no llenen el mundo con sus esquizofrénicas ideas.

“¿Cómo ha llegado a tan brillante conclusión sin la ayuda de Iker Jiménez y señora?”, os preguntaréis. Sencillo. Desde antes de Navidad mi trabajo de guionista se viene desarrollando desde mi casita. O, dicho en términos modernos, estoy ejerciendo el tele trabajo. Algo que  para muchos guionistas es su día a día. Bien sea porque se dedican al cine, bien porque escriben ficción televisiva. El caso es que currar en casa, teniendo internet, es realmente complicado.

Y es que trabajar en casa no es el chollo que todo el mundo puede pensar que es a bote pronto. Requiere disciplina, autocontrol y todas esas cosas que en general los seres humanos normales y corrientes no tenemos. Que sí, que tener tus propios horarios mola, pero el lado oscuro es que trabajas en pijama y tienes tu ordenador conectado a la red, con sus múltiples y fascinantes focos de distracción. Justo cuando estás a punto de encumbrarte escribiendo el más chispeante diálogo cómico que en el mundo ha sido, tienes un mensaje en facebook. En el mismo momento en que vas a darle un trepidante giro a tu escaleta, te das cuenta de que no has contado al mundo entero cómo te va a través de twitter… Y así un largo etcétera.

Esta es la verdadera cruz con la que lidiamos los guionistas. No los sueldos bajos, los trabajos que sólo duran dos meses, las exigencias de las cadenas… No. Es internet.

Si no es así, ¿por qué estoy escribiendo este post en vez de estar currando?

Respeten a sus idiotas.

Sé que no le voy a descubrir la pólvora a usted, respetado lector, si le digo que The Wire es la polla en vinagre. Y también sé que llego con cierto retraso al visionado de esta maravilla que nos ha regalado la HBO. Ahora mismo estoy terminando la quinta y última temporada de la serie y ya tengo nostalgia anticipada porque, un día, ya no podré ver nuevos episodios de este genialidad.

“¿Y ahora este nos va a hablar de The Wire después de tanto tiempo sin actualizar su blog?” pregunta el respetable. Pues no, los les voy a hablar de The Wire, si no de algunas consideraciones que mi pequeño y reseco cerebro ha realizado viéndola. Todas ellas (al menos las que contaré aquí) relacionadas con el mundo del guión y la ficciones televisivas.

En primer lugar, y volviendo al eterno tema de que las series americanas son mejores que las españolas (sí, es cansino, lo sé), he encontrado algo que diferencia a una serie como The Wire (o Los Soprano, o A dos metros bajo tierra, o Mad Men u otras) de las patrias. Y no es la pasta. Y no es el público potencial que tienen. Y no es que tengan mejores guionistas. Es simplemente, QUIÉN las produce. Y no hablo de determinadas cadenas, si no de lo señores y señoras que dan el visto bueno desde esas cadenas a estas series. Y eso si que es una GRAN diferencia con lo que sucede habitualmente en España.

¿En qué se diferencia ESENCIALMENTE entre España y los USA esta parte del proceso creativo en la que los que tienen la pasta meten la nariz para decir qué les gusta y qué no ? Pues primero y principal: los ejecutivos de las cadenas que emiten aquéllas series SABEN de televisión. Y cuando digo televisión no me refiero sólo a que puedan analizar los datos de audiencia, nombrar delegados a casco porro o beber cubatas en comidas de trabajo. Cuando digo televisión me refiero a ficción televisiva.

Los tíos que dan luz verde a series como Mad Men o como The Wire son tíos que (si no han sido guionistas antes) saben qué es un buen guión, en qué consisten los arcos dramáticos, cómo se dialoga bien una escena, etc. Lo SABEN y lo APLICAN, que es más importante si cabe. No quiero acusar a todos los ejecutivos de la tele patria de no saber nada de narrativa audiovisual, porque no serían justo. Pero digamos que el 80% ( soy generoso) no tienen ni puta idea.

Pero aquí no acaba el problema. De hecho, el problema no ha hecho más que empezar. El problema de verdad empieza temiendo en cuenta que nuestros ejecutivos:

a) no quieren arriesgar

y b) tratan a los espectadores como si fuese retrasados mentales.

El primer punto se basa en su miedo absoluto (y comprensible ya que su salario depende de ello) al fracaso en las audiencias. Pero ese miedo también lo tienen los señores yankis y aun así, sus series (algunas, no todas) son pa mear y no echar gota. Vamos, que, por descarte, la gran diferencia reside en la b.

Sí, queridos seres humanos con ojos que ven la tele, los señores que les ofrecen productos para que ustedes los disfruten piensan que son ustedes deficientes mentales. El ejecutivo medio español tiende a pensar que su espectador medio sabe leer, escribir, comer y cagar y poco más. Ah sí, consumir. Eso también sabe hacerlo.  Pero ahí se quedan sus capacidades.

Por eso, cuando se les presenta ante ellos diálogos, escenas, capítulos que requieran que el espectador piense al menos durante quince segundos, ellos dicen: “Alto! Esto no se puede emitir! La gente no lo iba a entender!” Cuando se intenta ser sutil ellos dicen: “¿Pero qué queremos decir aquí? La gente no quiere pensar, quiere cenar con un sonido de fondo” Por eso todas las series españolas están siempre ( y si no pregunten por ahí a los llorosos guionistas patrios) muy por debajo del nivel que podrían dar sus equipos de guión. Porque los ejecutivos, temerosos ante el fracaso, piensan que todos sus clientes son subnormales y, para no fracasar, les dan lo que ellos piensan que esos clientes son capaces de procesar. Y así llegamos a la ficción española, salvo muy honrosas excepciones.

Por eso, The Wire, jamás se podría hacer en España. No por presupuesto, ya que tampoco es una serie tan cara. Si no porque, “¿cómo va a entender el espectador ese tipo de tramas políticas, esas escenas con diálogos llenos de subtexto, esos episodios plagados de sutilezas que hacen que haya que darle al tarro para disfrutarlos?” “¿Cómo va a entender un tonto espectador español escenas como esta, en la que al inspeccionar la escena de un crimen los detectives solo dicen una palabra (un taco además) y el espectador es el que ata los cabos?”

“No en mi turno”, dicen el ejecutivo español.

Así que, si queremos tener más series de calidad (algo totalmente posible teniendo en cuenta el talento que hay por ahí) deberíamos pedirles a la gente a la que hacemos millonaria viendo la tele que, al menos, nos repete.

De muertos vivientes y complejos de inferioridad.

No, no es el título de un libro de autoayuda para zombies. Es que me he echao al monte y he decidido tocar dos temas en un solo post. Así. Gustándome.

Pero por partes. Lo primero, The Walking Dead, la nueva serie de la AMC (sí, la cadena de Mad men, señores) basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman. Por si no lo habéis adivinado, la serie va de zombis. O más exactamente de un policía que se despierta de un coma para darse cuenta de que los muertos tienen hambre de cerebro, y tal. He visto el piloto y me ha dejado el ojete que no me cabe un cañamón, por decirlo finamente. No voy a spoilear, así que vedlo, porque merece la pena. De hecho es uno de esos productos que a los guionistas de por aquí nos pone a pensar en cuándo conseguiremos hacer las cosas como los americanos. Chicos, tranquilos, que yo tengo la respuesta a esa pregunta.

NUNCA

Sí, nunca. Y por varios motivos. Primero, el público potencial de una serie americana no es de 40 millones, como aquí. Si no más de 300 millones. Digamos que se pueden permitir que un episodio haga “solo” un 5% de audiencia. Así que arriesgar es más fácil. Segundo, gracias a eso, tienen muchísimo más dinero para producir, en especial las cadenas cuyas series más admiramos: las de pago. Y si a eso añadimos que los DVD de sus productos se venden en TODO el mundo, pues ya no es que no jugamos en la misma liga, es que no estamos jugando ni al mismo deporte. Tercero, ellos nos sacan muchos años de ventaja en lo que a realización y producción cinematográfica se refiere. Vamos, que como quien dice este negocio lo han montado ellos.

Así que zanjada esta cuestión, dejemos de pensar en ello de una puñetera vez. Basta de lloriqueos. Guarden sus pañuelos. Quitémonos de encima el complejo de inferioridad y hagamos nuestras propias series lo mejor que podamos. Echémosle imaginación, abramos nuevas vías dentro de nuestras posibilidades, dejemos que la imaginación compense la falta de medios e intentemos ser lo más dignos posibles. Seamos creativos.

( Y ahora, los productores de televisión que hayan leído esto último ya pueden seguir riendo carcajadas rodando por el suelo de sus lujosos despachos enmoquetados.)

He dicho.

 

España no da tanto asco como parece.

Sí, queridos amigos y compatriotas, al final resulta que España no es el puto páramo intelectual que parece ser. Bueno, mejor dicho, no lo es tanto.

Ayer miércoles Telecinco, en su inagotable esfuerzo por hacer de este país un lugar peor en el que vivir, decidió contraprogramar el tercer episodio de Hispania con esa copia de Tengo una pregunta para usted pero con Belén Esteban.

Mi mayor miedo era que esa absurdez, esa quintaesencia de lo bizarro y lo chusco, ganara a una serie que, sin ser lo mejor que he visto en mi vida, sí abre nuevas vías o caminos para la ficción española. Pero no sucedió así. Hispania le sacó diez puntos a la bazofia telecinquera. No uno, ni dos, si no diez puntos y un millón más de espectadores.

A todos aquellos que vieron la serie en vez de a la Esteban: gracias por hacer de España un país menos asqueroso en el que vivir.

Me perdieron.

Con algo de tiempo de retraso (y tras mucho tiempo sin actualizar el blog, vago que es uno) ha llegado el momento de que servidor hable de Perdidos.

Empezaré diciendo que yo soy uno de esos a los que la serie les dejó tirados a partir de la tercera temporada. De hecho, yo era de esos entusiastas que, tras la primera temporada, daba el coñazo a todo Dios para que viera la serie. Me consta que conseguí que más de una persona se enganchara. Después ellos han seguido sin mí.

Porque para servidor, a partir de mediados de las segunda temporada la serie dejó de tener interés. Por varias razones.

En primer lugar, porque empezaba a darme la sensación de que las reglas internas de la serie no estaban claras. Cuando uno hace ciencia-ficción debe ser mucho más verosímil que cuando hace ficción “real”. La ciencia ficción es un terreno peligroso, donde se deben sembrar unas reglas claras a las que el espectador se pueda agarrar. Y creo que Perdidos, a partir de cierto punto que no sabría concretar exactamente, perdió esas reglas. Por eso, en mi modesta opinión, la serie comenzó a defraudarme. Empecé a tener las sensación que aquello era como las últimas ediciones de Gran Hermano, donde la organización plantea unas reglas que luego se salta a la torera principalmente para alargar la duración del producto. Lo poco que he visto de las siguientes temporadas, con sus saltos en el tiempo, sus realidades paralelas y demás, no han hecho más que confirmar esta sospecha de que la serie entró en un “todo vale”, como si los guionistas dijeran: “Ey, ¿qué más da que no tenga sentido? Es ciencia ficción!”

En segundo lugar, creo a partir de cierto momento la serie peridió lo que más me interesaba de ella. Los personajes. Fruto de tanto tener que alargar el chicle para que durase lo máximo posible, los flashbacks empezaron a resultar repetitivos y, lo que es peor, incluso algunos personajes se traicionaban a sí mismos. La apuesta por la ciencia-ficción dejó de lado a los personajes, en definitiva. Una opción totalmente respetable pero que a mí me dejó fuera.

En tercer lugar, a partir de cierto momento de la segunda temporada, no pude evitar la sensación de que la serie, por encima de todo, era un enorme engaño. Y me explico. Todo el esquema narrativo de sembrar misterios sólo para resolverlos sembrando otro misterio aun mayor acabó agotando mi paciencia. Y eso que creo que ese esquema es el gran mérito de la serie, lo que ha hecho que sea un fenómeno mundial. El espectador estaba deseando saber qué era todo aquello, quería respuestas. Sin embargo servidor tuvo la sensación de que, tras todas esas preguntas, no habían respuestas. Y menos mal que me fui a tiempo, porque el final de la serie parece haber confirmado mis sospechas. Al final no se explica qué es la isla, que es el misterio principal, por muchos que digan los fanáticos de la serie que no, que lo importante eran los personajes.

Así que puedo ir de listillo y decir que no he estado varios años bajándome episodios para llegar a ese final y quedarme con cara de tonto. Más que nada porque la cara de tonto se me quedó antes.

Estoy viendo… (ACTUALIZADO)

The Misfits, una serie de la BBC.

La cosa empiezan cuando una tormenta cae sobre un grupo de jóvenes delincuentes que hacen trabajos para la comunidad. A ellos les cae un rayo que les da extraños poderes.

¿A que parece una serie de súper héroes? Pues no lo es. Así a priori me echaba para atrás, porque a mí este tipo de historias no me va mucho. Pero en cuanto ves cinco minutos ya te das cuenta de que la cosa va por otro lado. ¿Por qué lado? Pues por el que mola, el de las tramas personales de los personajes, el de una narración atrevida y una estética a años luz del mundo tipo Marvel.

Además tiene una ventaja añadida. Como la gran mayoría de las series de la BBC sólo tiene 6 episodios por temporada. Algo que una persona como servidor, con poco tiempo para encerrarse a ver series, es el paraíso.

Como añadido diré que si es usted un modernillo con gafas de pasta y bigotico (quién sabe por qué esta de moda…) y converse y pantalón pitillo esta es su serie. Porque, además de estar muy bien escrita, dirigida e interpretada, la estética y la música apuestan por un público joven. De hecho, la música de la careta de The Rapture.

De momento solo hay primera temporada. Y me queda por ver el último episodio.

Promete.

ACTUALIZACION: La verdad, ayer vi los episodios 5 y 6 y me han decepcionado. Después del subidón del cuarto capítulo la serie va sin rumbo hasta llegar a un último episodio gratuito, sin sentido y que parece no pertenecer a la misma serie.

Decepción finalmente.

Niños, niños; futuro, futuro.

Como decía esa gran canción de los Simpsons, los niños son el futuro.

Y los de Intereconomía ya han tomado nota, amiguitos del metal. Porque le han dado a Bertín Osborne (sí, sí, habéis leído bien: Bertín Osborne) un programa infantil (sí, sí, habéis leído bien, un programa infantil en Intereconomía)

Como sé que es difícil de creer aquí tenéis la noticia: http://www.europapress.es/tv/noticia-bertin-osborne-inicia-andadura-intereconomia-20100408201424.html

No sé cómo piensa hacer Bertín el programa, pero aquí van algunas secciones que creo que podrían desarrollar, teniendo en cuenta la línea política del canal donde se emite.

– Las siete diferencias entre Satanás y Zapatero. Es una sección muy corta, ya que no existe ninguna.

– La aventura de la historia. Miniespacio presentador por César Vidal e Isabel San Sebastián donde se explicará claramente por qué con Franco se vivía mejor.

– Lincha al rojo. Los niños convocados en el plató y provistos de un bate de beisbol cada uno, acorralan a un rojeras/progre/titiritero y le hacen pasar un buen rato.

– Qué bien que mi mamá no es una abortista. Sección musical donde todos los niños cantan llamando putas a las mujeres que se plantean interrumpir su embarazo.

– Ese cura no es mi padre. Divertido espacio donde los niños se dejarán tocar por un sacerdote católico porque, después de todo, no es su padre y no hay incesto, que es lo grave (no los tocamientos)

– Ser de derechas es chupi. En este apartado Bertín explica a la chavalada cómo ser rico y no dar un palo al agua a costa de explotar a los curritos andaluces es lo mejor que te puede pasar en la vida. Y si además grabas un par de discos de rancheras y te follas a todo bicho viviente, pues eso que te llevas.

– Los telefachis y rojoyó. Debate político entre doce muñecos fachas y un tipo de izquierdas hecho por infografía y que no sabe muy bien qué está haciendo allí. Por supuesto la conclusión de los debates será edificante: Garzón debería ser huntado en brea y cubierto de plumas en Plaza Castilla.

Pues eso. Señores de Intereconomía, que sepan que si veo alguna de estas secciones en el programa de Bertín y no me llevo mi parte les acusaré de plagio en la SGAE. Para que puedan insultar a los artistas a gusto.

De nada.