Archivo de la categoría: Cine

Internet se inventó para que los guionistas no pudieran trabajar.

Está claro. Es una conspiración de manual.

Los que inventaron la red de redes no lo hicieron con el propósito de conseguir un mundo global e interconectado. No, señor. Esa es la explicación que se creen los poco avispados. Internet se creó para que los guionistas que escriben en casa pierdan el tiempo y no llenen el mundo con sus esquizofrénicas ideas.

“¿Cómo ha llegado a tan brillante conclusión sin la ayuda de Iker Jiménez y señora?”, os preguntaréis. Sencillo. Desde antes de Navidad mi trabajo de guionista se viene desarrollando desde mi casita. O, dicho en términos modernos, estoy ejerciendo el tele trabajo. Algo que  para muchos guionistas es su día a día. Bien sea porque se dedican al cine, bien porque escriben ficción televisiva. El caso es que currar en casa, teniendo internet, es realmente complicado.

Y es que trabajar en casa no es el chollo que todo el mundo puede pensar que es a bote pronto. Requiere disciplina, autocontrol y todas esas cosas que en general los seres humanos normales y corrientes no tenemos. Que sí, que tener tus propios horarios mola, pero el lado oscuro es que trabajas en pijama y tienes tu ordenador conectado a la red, con sus múltiples y fascinantes focos de distracción. Justo cuando estás a punto de encumbrarte escribiendo el más chispeante diálogo cómico que en el mundo ha sido, tienes un mensaje en facebook. En el mismo momento en que vas a darle un trepidante giro a tu escaleta, te das cuenta de que no has contado al mundo entero cómo te va a través de twitter… Y así un largo etcétera.

Esta es la verdadera cruz con la que lidiamos los guionistas. No los sueldos bajos, los trabajos que sólo duran dos meses, las exigencias de las cadenas… No. Es internet.

Si no es así, ¿por qué estoy escribiendo este post en vez de estar currando?

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Hasta los cojones de la polémica por la ley Sinde.

Sí, ya sé que en el anterior post también hablé de ella y que es paradójico que diga que estoy harto de tanta polémica y siga hablando de ella.

Pero es que, con la dimisión de Alex de La Iglesia como presidente de la Academia, el tema vuelve (again) a salir a la palestra. Y estoy un pelín harto.

Harto, en primer lugar, de que se manipule a la gente y se la ponga en contra del mundo “artístico” con una ley que, en el fondo, no se resuelve en absoluto el problema que intenta paliar.

Harto de entrar en Menéame y que el 95% de las entradas sean post de blogs donde se pone a parir a todo aquel que trabaje en la industria audiovisual, sin tener ni la más remota idea de cómo es ese mundillo.

Harto de que se diga que todos los que trabajamos en esa industria somos asalariados del gobierno porque recibimos subvenciones. En primer lugar porque la mayoría de gente que trabaja haciendo tele o cine no recibe un duro de las instituciones. Se tiene que buscar la vida en una industria en la que la inestabilidad laboral absoluta y las pésimas condiciones son la norma.

Harto de que a diversas asociaciones de diversa índole les indigne más que un gobierno intente que ellos no puedan bajarse las últimas películas de estreno que el hecho de que ese mismo gobierno lleve a cabo recortes de derechos básicos, como una innecesaria reforma del mercado laboral o el retraso de la edad de jubilación, a instancias de los bancos y las grandes fortunas.

Harto de que la gente se queje de las subvenciones al cine español pero no digan una palabra de las que reciben los toros, las empresas, etc.

Harto de que se diga que el cine español es siempre una mierda, pero que luego todo dios vaya a ver Celda 211 y todo el mundo diga que es cojonuda (porque lo es)

Harto de que se diga que el cine americano siempre es mejor que el patrio, cuando al menos el 70% de las pelis que nos llegan aquí (y soy benévolo) son una mierda pinchada en un palo. Con mucho presupuesto, sí. Pero una puta mierda.

Harto, en definitiva, de que la gente se deje manipular en vez de pensar un poquito después de informarse.

Pos eso.

Cine del güeno (III): Lawrence de Arabia.

Tercera entrega de esta sección sin la que sé que ustedes no tendrían una razón por la cual levantarse cada mañana y afrontar el abismo de la realidad. Hoy, en cine del güeno, la que, para mí, es la mejor peli de un señor que hizo muchas buenas pelis, David Lean.

¿De qué va?: Pues cuenta la historia de Edward Lawrence, un inglés un pelín rarito que, durante la Primera Guerra Mundial, y fascinado por la cultura de los desiertos de Arabia, se dedica a agrupar a todas las tribus de por allá para que luchen del lado de los ingleses. Durante el proceso bélico Lawrence acabará mimetizado con el pueblo al que intenta movilizar y, sobre todo, descubrirá regiones terriblemente oscuras de su interior. Vamos, lo que viene siendo una peli épica de manual.

¿Por qué es güena?: A mi Lawrence de Arabia me vuelve loco porque, a pesar de su extenso metraje, no sólo me entretiene. Me fascina. Algo realmente difícil cualquier arte, no sólo en el cine. Todo en esta película está destinado a conseguir esa sensación, desde la música de Maurice Jarre hasta la fotografía en Super Panavisión, y lo grandioso es que el resultado no es un pastiche grandilocuente como las pelis épicas que acostumbran a hacer últimamente gente como Baz Luhrman (Australia, nenes, Australia). Lawrence de Arabia te hace sentir como un niño que va al cine por primera vez.

Luego está el reparto, claro. Peter O´Toole en el mejor papel de su vida. Intenso, apasionado, genial. Omar Sharif, Anthony Quinn o Alec Guinnes completan un elenco de caerse de culo. Y están todos espectaculares. Probablemente en los mejores papeles de sus carreras. Que ya es decir.

Y tiene escenas tan impresionantes como esta que responde a la pregunta: ¿cómo leches conseguir crear suspense con la llegada de un tipo en camello en medio del desierto? Pues así: (a partir del 1:40)

O una de las mejores elipsis de la historia del cine. Esta. (En el minuto 1)

Y eso es todo.

Pronto regresaremos con otra apasionante entrega de cine del güeno.

He´s gone.

Cine del güeno (II): Uno, dos, tres.

Continuamos con la sección cine del güeno con una de las pocas películas gracias a las cuales he visto a mi venerable padre llorar de risa revolcándose por el sofá: “Uno, dos, tres”, un juego político firmado por el gran, inmenso, maestro, apabullante Billy Wilder.

¿De qué va?: Pues, a grandes rasgos la peli es una sátira mordaz y ultraácida de la Guerra Fría desarrollada a través de la historia de C.R McNamara, el representante de Coca Cola en el Berlín Oeste a principios de lo sesenta. McNamara lleva una vida tranquila y apacible extendiendo el consumo de la bebida capitalista por excelencia por toda Europa cuando el jefe de la compañía decide enviarle a su hiper pija hija, de viaje por el viejo continente. Y el lío se monta porque a la joven no se le ocurre mejor idea que la de enamorarse de un comunista de la parte oriental. A partir de ese momento, la cosa se complica tanto que es mejor ver la peli para disfrutar de la historia.

¿Por que es “güena”?: Uno, dos, tres es una gran película porque el humor ácido y brillante de Wilder y Diamond le hinca el diente a la guerra ideológica entre el comunismo y “el mundo libre” y no deja títere con cabeza. Tiene un ritmo endiablado (el final de la película es de infarto), unas actuaciones muy conseguidas con respecto al tono satírico de la peli y una dirección que, como siempre en Wilder, parece peor de lo que realmente es.

En definitiva, quizá no esté a la altura de El apartamento (es difícil estar a la altura de la mejor película que se ha escrito), Perdición, El crepúsculo de los dioses y otras obras maestras de Wilder, pero tiene una especial mala leche y siempre me trae buenos recuerdos.

Os dejo una escena plagada de chistes brillantes que resume bien el tono de la peli.  Les pongo en situación: McNamara (James Cagney) tiene que cruzar a Berlín Oriental para conseguir que el comunista que se ha líado con la hija de su jefe salga de la cárcel. Y va a intentar convencer de ello a la delegación rusa con la que negocia para expandir la Coca Cola al otro lado del telón de acero. He intentado encontrar en VOS pero ha sido imposible. Así que disfruten también del doblaje.

Corran! Vayan a ver La red social!

No sé a que están ustedes esperando, ahí tirados en el sofá viendo pasar la vida cuando pueden perder sus valiosos minutos en la Tierra viendo un peliculón como La Red Social.

No es que me haya sorprendido su calidad, teniendo en cuenta que la escribe un tal Aaron Sorkin y la dirige un señor llamado David Fincher, pero la peli ha resultado más de lo que esperaba.

¿Y qué esperaba? Pues un guión sólido como una roca y dialogado de esa manera que hace que te des cuenta de lo mal que dialogan todos los demás. Y una dirección virtuosa pero siempre al servicio de la historia, con manierismos pero no con adornos que molesten. Y sí, ambas cosas estaban, pero había más. Porque La Red social no es sólo la historia del pringao que inventó Facebook y que ahora es el pringado menor de 30 años más rico del planeta. La red social es una historia sobre el mal más acuciante de la sociedad de la información: la soledad. Una historia de cómo todo el mundo quiere conectar con todo el mundo y de cómo fracasan a pesar de que las herramientas que usan para ello se sofistican más y más. Y conseguir hablar de eso en una película y que no sea un coñazo, si no algo trepidante, que te agarra y no te suelta solo lo hacen los grandes.

Además la peli, por si todo esto fuera poco, acaba con esta canción de los Beatles.

La aridez del segundo acto.

Como sabéis, seguidores de este autor de referencia, estoy escribiendo un guión de largometraje. Ahora mismo, después de empezar a documentarme (algo que posiblemente no dejaré de hacer hasta escribir el último punto de la última acotación) estoy dando forma  a la estructura básica del guión. O sea, escaletando que es gerundio.

Y aquí me encuentro, con mi detonante, mis puntos de giro, mi clímax y todo lo demás más o menos claro cuando, de repente, sin previo aviso, llego a la segunda mitad del segundo acto y me encuentro… EL DESIERTO DEL SEGUNDO ACTO !!!!  CHAN, CHAN, CHAN, CHAN!!!!

Y es que, aunque mucha gente piense que escribir un guión es fácil, que ellos lo harían con la minga, una mano atada a la espalda y un oso histérico atacado por un enjambre de abejas dentro de su despacho, pues no lo es. Sobre todo por este temido momento, cuando llevas más de sesenta folios y dices… ¿y ahora qué? Tú ya has soltado la artillería y te reservas la gran traca final para el clímax de la historia, pero, ¿qué contar hasta llegar a él? ¿Qué aventuras locas y entretenidas deben salir de tu imaginación para que el público potencial de tu peli no salga del cine pensando que ellos lo harían mejor con la minga, una mano atada a la espalda y un oso histérico atacado por un enjambre de abejas dentro de su despacho?

Y es que un buen segundo acto, de esos que te dejan pegado a la butaca, es la principal diferencia entre una buena peli y una peli regulera.

Así pues, deséenme suerte.