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De pensión.

No, no voy a hablar de esos jóvenes que viven con sus padres y tienen que irse a un hostal para echar un kiki. Voy a hablar de la reforma de las pensiones que el tan izquierdista gobierno del señor Zapatero nos ha encasquetado.

Porque, por si no os habíais dado de cuenta, a los que ahora mismo tenemos poco más de treinta años, más nos vale haber empezado (y no haber parado) a cotizar a los veinte. Porque de lo contrario vamos a seguir currando con bastón y bombona de oxígeno. Lo que puede resultar algo incómodo la verdad.

El caso es que ayer mismo se aprobó la tan cacareada reforma. Además con el acuerdo de los sindicatos. Casi ná. Una reforma que nos dicen que es fundamental para el momento económico en el que vivimos. Pero, ¿lo es? Pues yo creo que no.

En el momento económico que vivimos, hay dos problemas principales. Uno es la falta de empleo (tiene toda la pinta de que vamos a llegar a 5 millones de parados). El otro es, en parte, la causa de este primero: la falta de crédito para las empresas por culpa de lo que inició todo este follón, la crisis del sistema financiero. ¿Cuál de estos dos problemas resuelve la reforma de las pensiones? Ninguno. Porque, ¿desde cuándo que la gente se jubile más tarde, ocupando así un puesto de trabajo, favorece la creación de empleo? Y, ¿cómo es posible que retrasar la edad de jubilación sirva para reformar el sistema financiero? Pues eso.

Y ahora la hipótesis sobre lo que está pasando. Habréis oído mil veces que todas estas medidas restrictivas son para “tranquilizar a los mercados”. Y los mercados, parece ser, lo que quieren ahora es que el sector público se haga más pequeño cada día. Eso, por si nadie lo había pensado, supone que se destruya empleo. Es decir, si el estado encarga menos trabajo porque recorta sus gastos, hay más gente que se va al INEM. Pero es lo que quieren “los mercados”. ¿Y quiénes son los mercados? Pues, básicamente, los inversores. Que son, básicamente, los bancos. ¿Y todo esto del retraso de la edad de jubilación no será una brillante idea de la banca para que la gente se acojone y corra a su sucursal más cercana para hacer un plan privado de pensiones?

Tengo la sensación de que, en el fondo, lo que estamos viviendo es que, los tipos que nos metieron en este follón, siguen teniendo la sartén por el mango y, no sólo no han aceptado que tienen que pagar por sus temerarias políticas de inversión que nos han llevado al hoyo, no. Ahora además quieren ganar más dinero todavía. Sacar provecho del lío en el que nos han metido. Y probablemente sea un deseo legítimo. De caraduras, pero legítimo. Lo grave es que casi todos los gobiernos, no sólo el nuestro, les hagan el juego.

Así que, no nos engañemos, todo este rollo de tranquilizar a los mercados, no va a hacer que mejoren nuestras vidas. La banca no va a hacernos ningún favor. Cuando tengan sus bolsillos más llenos, ellos seguirán a lo suyo, y nosotros a lo nuestro. O sea, a cobrar el subsidio de desempleo mientras nos quede.

Hasta los cojones de la polémica por la ley Sinde.

Sí, ya sé que en el anterior post también hablé de ella y que es paradójico que diga que estoy harto de tanta polémica y siga hablando de ella.

Pero es que, con la dimisión de Alex de La Iglesia como presidente de la Academia, el tema vuelve (again) a salir a la palestra. Y estoy un pelín harto.

Harto, en primer lugar, de que se manipule a la gente y se la ponga en contra del mundo “artístico” con una ley que, en el fondo, no se resuelve en absoluto el problema que intenta paliar.

Harto de entrar en Menéame y que el 95% de las entradas sean post de blogs donde se pone a parir a todo aquel que trabaje en la industria audiovisual, sin tener ni la más remota idea de cómo es ese mundillo.

Harto de que se diga que todos los que trabajamos en esa industria somos asalariados del gobierno porque recibimos subvenciones. En primer lugar porque la mayoría de gente que trabaja haciendo tele o cine no recibe un duro de las instituciones. Se tiene que buscar la vida en una industria en la que la inestabilidad laboral absoluta y las pésimas condiciones son la norma.

Harto de que a diversas asociaciones de diversa índole les indigne más que un gobierno intente que ellos no puedan bajarse las últimas películas de estreno que el hecho de que ese mismo gobierno lleve a cabo recortes de derechos básicos, como una innecesaria reforma del mercado laboral o el retraso de la edad de jubilación, a instancias de los bancos y las grandes fortunas.

Harto de que la gente se queje de las subvenciones al cine español pero no digan una palabra de las que reciben los toros, las empresas, etc.

Harto de que se diga que el cine español es siempre una mierda, pero que luego todo dios vaya a ver Celda 211 y todo el mundo diga que es cojonuda (porque lo es)

Harto de que se diga que el cine americano siempre es mejor que el patrio, cuando al menos el 70% de las pelis que nos llegan aquí (y soy benévolo) son una mierda pinchada en un palo. Con mucho presupuesto, sí. Pero una puta mierda.

Harto, en definitiva, de que la gente se deje manipular en vez de pensar un poquito después de informarse.

Pos eso.

He´s gone.

De muertos vivientes y complejos de inferioridad.

No, no es el título de un libro de autoayuda para zombies. Es que me he echao al monte y he decidido tocar dos temas en un solo post. Así. Gustándome.

Pero por partes. Lo primero, The Walking Dead, la nueva serie de la AMC (sí, la cadena de Mad men, señores) basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman. Por si no lo habéis adivinado, la serie va de zombis. O más exactamente de un policía que se despierta de un coma para darse cuenta de que los muertos tienen hambre de cerebro, y tal. He visto el piloto y me ha dejado el ojete que no me cabe un cañamón, por decirlo finamente. No voy a spoilear, así que vedlo, porque merece la pena. De hecho es uno de esos productos que a los guionistas de por aquí nos pone a pensar en cuándo conseguiremos hacer las cosas como los americanos. Chicos, tranquilos, que yo tengo la respuesta a esa pregunta.

NUNCA

Sí, nunca. Y por varios motivos. Primero, el público potencial de una serie americana no es de 40 millones, como aquí. Si no más de 300 millones. Digamos que se pueden permitir que un episodio haga “solo” un 5% de audiencia. Así que arriesgar es más fácil. Segundo, gracias a eso, tienen muchísimo más dinero para producir, en especial las cadenas cuyas series más admiramos: las de pago. Y si a eso añadimos que los DVD de sus productos se venden en TODO el mundo, pues ya no es que no jugamos en la misma liga, es que no estamos jugando ni al mismo deporte. Tercero, ellos nos sacan muchos años de ventaja en lo que a realización y producción cinematográfica se refiere. Vamos, que como quien dice este negocio lo han montado ellos.

Así que zanjada esta cuestión, dejemos de pensar en ello de una puñetera vez. Basta de lloriqueos. Guarden sus pañuelos. Quitémonos de encima el complejo de inferioridad y hagamos nuestras propias series lo mejor que podamos. Echémosle imaginación, abramos nuevas vías dentro de nuestras posibilidades, dejemos que la imaginación compense la falta de medios e intentemos ser lo más dignos posibles. Seamos creativos.

( Y ahora, los productores de televisión que hayan leído esto último ya pueden seguir riendo carcajadas rodando por el suelo de sus lujosos despachos enmoquetados.)

He dicho.

 

España no da tanto asco como parece.

Sí, queridos amigos y compatriotas, al final resulta que España no es el puto páramo intelectual que parece ser. Bueno, mejor dicho, no lo es tanto.

Ayer miércoles Telecinco, en su inagotable esfuerzo por hacer de este país un lugar peor en el que vivir, decidió contraprogramar el tercer episodio de Hispania con esa copia de Tengo una pregunta para usted pero con Belén Esteban.

Mi mayor miedo era que esa absurdez, esa quintaesencia de lo bizarro y lo chusco, ganara a una serie que, sin ser lo mejor que he visto en mi vida, sí abre nuevas vías o caminos para la ficción española. Pero no sucedió así. Hispania le sacó diez puntos a la bazofia telecinquera. No uno, ni dos, si no diez puntos y un millón más de espectadores.

A todos aquellos que vieron la serie en vez de a la Esteban: gracias por hacer de España un país menos asqueroso en el que vivir.

Corran! Vayan a ver La red social!

No sé a que están ustedes esperando, ahí tirados en el sofá viendo pasar la vida cuando pueden perder sus valiosos minutos en la Tierra viendo un peliculón como La Red Social.

No es que me haya sorprendido su calidad, teniendo en cuenta que la escribe un tal Aaron Sorkin y la dirige un señor llamado David Fincher, pero la peli ha resultado más de lo que esperaba.

¿Y qué esperaba? Pues un guión sólido como una roca y dialogado de esa manera que hace que te des cuenta de lo mal que dialogan todos los demás. Y una dirección virtuosa pero siempre al servicio de la historia, con manierismos pero no con adornos que molesten. Y sí, ambas cosas estaban, pero había más. Porque La Red social no es sólo la historia del pringao que inventó Facebook y que ahora es el pringado menor de 30 años más rico del planeta. La red social es una historia sobre el mal más acuciante de la sociedad de la información: la soledad. Una historia de cómo todo el mundo quiere conectar con todo el mundo y de cómo fracasan a pesar de que las herramientas que usan para ello se sofistican más y más. Y conseguir hablar de eso en una película y que no sea un coñazo, si no algo trepidante, que te agarra y no te suelta solo lo hacen los grandes.

Además la peli, por si todo esto fuera poco, acaba con esta canción de los Beatles.

Bye, maestro.