
Este tipejo que ven ustedes en la fotografía es Albert Serra, director de cine catalán. ¿He dicho director de cine? Perdón, quería decir persona que piensa que es un genio cuando no es más que un pedante de los cojones que no tiene nada que contar. Sí, esa sería más bien la definición que mejor engloba a este ser humano con bigote a lo beatle.
Hace ya meses que vengo leyendo entrevistas y declaraciones de este ser en diversos magazines culturales y mi ira ha ido aumentado con cada una de sus palabras. Hasta tal punto que, como se me han hinchado los huevos, he decidido ponerle a caer de un burro. Así, por la cara.
Pero antes de seguir dejemos que Albert nos ilumine con algunas perlas de su sabiduría.
- La mía es una película que funciona por motivos exclusivamente cinematográficos. No obstante, reconozco que carece de los recursos habituales para cautivar al espectador: no hay música, no hay historia, no hay psicología, sólo la pureza de las imágenes y el resultado es la fascinación del espectador.
- El mío es un cine poético, que persigue el arte por el arte. Contar historias me aburre.
-Me he hecho a mí mismo. Nadie me ha enseñado y esto es porque yo soy un maestro. Yo no me he formado en ninguna escuela, vengo de lo underground, de debajo de las raíces y por eso soy más fuerte e invulnerable.
-De entrada, debo decir que, para mí, el guión carece de importancia.
Como veis el chaval es un puto crack. Un tío que dice que hace cine pero que contar historias se la suda. Que es casi como decir “me encanta escribir novelas, pero no quiero contar nada, ninguna historia. Y si te aburres, que te jodan”.
Osea, que en un campeonato de gilipollas, campeón seguro.
Pero no seamos injustos. El no tiene la culpa. O no toda.
La culpa la tiene ese ambiente pedante de las narices de los festivales de cine, que en cuanto alguien les planta una mierda aburrida de un par de horas sin pies ni cabeza en una pantalla, ya están diciendo que están viendo al nuevo Bergman o al heredero de Pasolini. Y mire, pues no. Para eso hay que tener algo que el señor Serra no tiene, y que (intuyo) sabe que no tiene y por eso lo suple con pedantería asquerosa. Esa cosa se llama…
TALENTO